viernes, 19 de agosto de 2016

Jefe, ¿podemos hablar?

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Beatriz Tejada
En el ámbito laboral siempre hay momentos en que necesitamos plantear a nuestro jefe cuestiones que nos resultan delicadas y no sabemos cómo abordar. Una demanda de incremento salarial, una promoción interna, un problema en el equipo de trabajo,...Las situaciones pueden ser múltiples, pero dejar pasar el tiempo en la mayoría de las ocasiones no resolverá el problema. Conviene por tanto afrontarla  directamente, con un diálogo abierto planteado a nuestro superior. Lógicamente, cuanta mayor confianza tengamos, más sencillo resultará, pero aunque no se tenga todavía una sólida relación laboral, siempre será reconfortante plantear nuestras demandas. Para lograr el mayor éxito posible, hay una serie de factores que conviene tener en consideración antes de que se produzca el diálogo.
En primer lugar formulemos claramente el objetivo concreto que queremos abordar en la conversación. No tratemos de resolver todas nuestras demandas en un momento. Se trata de priorizar y para ello hacer un listado, un resumen de los distintos factores laborales que definen la situación y de las demandas que se quieren plantear, contribuirá a ordenar la conversación posterior.
Otro factor de éxito importante a considerar es el momento en que se plantea. Escoger una situación inapropiada o apresurarse puede ser un error insalvable. Debemos evitar impulsos, épocas de trabajo estresantes, y utilizar un lenguaje corporal adecuado que no indique distracción, temor ni agresividad.
A la hora de plantear este diálogo es importante haber reflexionado previamente sobre qué puedes aportar al equipo de trabajo. Se trata de no sólo demandar sino, de también ofrecer. Analiza qué lugar ocupas en el equipo de trabajo, y cuál crees que sería aquel en el que aportarías más. Piensa qué puedes ofrecer a la compañía y a la plantilla, cómo solucionar problemas y crecer, asumiendo de forma progresiva más responsabilidades y mejorando la confianza mutua con tu jefe.
Una vez se produzca el encuentro, deberemos ser conscientes tanto del lenguaje verbal, como del corporal que empleamos. Aunque se trate de un tema que nos afecta personalmente, que nos produzca cierta incomodidad, expresarnos de manera educada y canalizar las emociones es esencial. Por ejemplo, si estamos molestos porque creemos que no se nos está reconociendo el esfuerzo, no podemos dejarnos llevar y mostrarnos agresivos o impertinentes. Un tono cordial y amable siempre ayudará más a conseguir el objetivo de nuestra conversación. Intentemos utilizar palabras apropiadas, sin ponernos a la defensiva, ser demasiado genéricos o dejarnos llevar por unos nervios excesivos.
Por otra parte, si en el transcurso de la conversación los argumentos de nuestro jefe nos hacen ver nuestros errores tanto de actitud como de aptitud, asumamos la responsabilidad, sin culpar a nuestros compañeros. La humildad y sinceridad siempre serán valoradas.
Después del encuentro, analiza la conversación. Reflexiona sobre si has logrado plantear de manera correcta tu objetivo, si has argumentado de manera correcta y si ha habido entendimiento por la otra parte. En caso de haber llegado a algún acuerdo, valora si es satisfactorio para ti. Por último, analiza la disposición de tu jefe, tanto aquello que ha expresado con palabras, como lo que puedas deducir de sus gestos y omisiones. Todo ello te aportará una información muy válida para tu futuro en la empresa.
Esperamos que estos consejos puedan ayudaros a focalizar vuestras demandas, y plantear un diálogo constructivo que consolide vuestras relaciones laborales. 

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